Miedo a enfermar.

Hace mucho que no lloraba por miedo.
Y hace tanto que no decía "mi mamá tenía razón".

Había que tomarse las cosas con calma, dormir lo necesario, sonreír más.
No pensé que mis músculos se fatigaran, que los nervios se inflamaran así, perdiendo la capacidad de estirar los labios, comer correctamente, o tan siquiera pestañear.

Incluso cuando caían tibias las primeras gotas, suspiré y dije sin pensar "Dios mío, por qué". 
Sin pensar el uso diario de esa expresión, sin pensar con franqueza si existe o no.

Sólo espero los médicos puedan ayudarme a mejorar, porque hasta hace unos días no sabía apreciar realmente ese tipo de detalles, no hasta que me vi imposibilitada de funcionar "normalmente". 

Tengo miedo, pero también tengo esperanzas de volver. 

In(diferencia)

Traté de sonar indiferente, aunque quizás tenía un tinte de pesadez involuntario.
La verdad es que nunca me ha gustado el gusto amargo de una palabra callada, en la punta de la lengua. No fue mi intención, pero tampoco importan las disculpas. 


Los defectos

Él ama hasta las arrugas de mi nariz al reír,
el ama las pecas discretas de mis mejillas, de mis manos.
Los pliegues de mi panza, las marcas en mis piernas, los lunares que suman más de ochenta ya...

No le importa si mi talla es 42, o si mis zapatos son 38 y otras veces 39.
No le importa si mi cabello va creciendo mucho o lo recorte (pero sí prefiere mil veces que lo lleve suelto)

Él antes que todo, supo amar lo que yo no pude en 24 años.