Subías cada noche, como un secreto, oía tus pasos sorteando cada peldaño, podía sentir tu sueño.
Y entonces me emocionaba, me saltaba el corazón del pecho como si estuviese enamorada.
A veces dormía y me acariciaba tu perfume cuando me observabas ahí. A veces me hablabas, y balbuceaba con una sonrisa alguna respuesta.
Con los años subías menos, llegabas directo a tu cama con los ojos cansados, luchando contra la inercia, y decidimos bajar a saludarte, conversar un rato, hacerte reír.
Qué extraño se ha vuelto llegar por las noches y ser yo quien va a saludarte mientras duermes, sentir tu perfume apagándose en las sábanas, verte envuelto en el capullo de tu cama, preparando la metamorfosis de la vejez.
Pensando en qué hice mal.
Publicado por
Mila
Confundiste muchas veces la necesidad de tenerte aquí, de sentir tu compañía, tu apoyo, con adquirir objetos, llevar un buen pasar.
Llegaste a banalizar nuestra relación como un simple intercambio comercial, tu me comprabas algunas cosa y todo estaría bien, estaría tranquila.
Te oí decir que tu cercanía radicaba en nuestros gustos similares por la comida y los libros, las películas, la música a veces. Pero no en amor, no en complicidad.
Leí triste sus palabras, "nuestras primeras hijas fueron bendiciones, luego hubo una pérdida y sufrimos mucho. Luego vinieron los otros tres".
No puedo decir que son malos padres, que no nos aprendieron a querer. No puedo ser tan injusta, ni malgastar tiempo degradando sus esfuerzos, su necesidad de no fallar una vez más, de ser buenos.
Pero no voy a negarlo, me dolió de nuevo cuando les pedí que por favor no me dejaran a mi suerte, que estuviesen ahí también. Y su respuesta fue "es que eres más independiente, es que no podemos tratarte igual, porque todos son diferentes, no nos necesitan de la misma manera." Y traté tanto tiempo de convencerme, que era innecesario, que yo no merecía más afecto, que yo me fui, que me arranqué a estudiar para encontrar un rumbo.
A veces la oía en sus fugaces mea culpa, "debimos estar más presente, debimos hacer algo". "¿Cómo pasaron 8 años y nunca mejoramos las cosas?".
Dormí por años en un colchón de resortes sobre un suelo húmedo de madera, agarré lumbago y otras molestias. Me quejaba a veces, medio en broma, medio en serio, consolándome "ya tendré dinero, y me compraré una cama hermosa". No lo logré.
Y tampoco se los reclamé, jamás los encaré por su falta de interés. Yo era una boca menos que alimentar, y siempre fui obstinada, así que ahora tenía que ser más fuerte, tenía que arreglármelas.
Hoy sólo quería tu abrazo. Y sutilmente sentí tu mano haciéndome a un lado. Sonreí con tibieza, pensé "así es él". Para ver unas horas después cómo abrazabas a mi hermana, con genuino amor, con ternura.
Quizás no soy la favorita, nunca he pretendido serlo. Pero no me nieguen las preferencias, prefiero aceptar que he partido hace mucho tiempo, y que no merezco cariño menos distante que el que recibo a veces, cuando regreso por unos días a escuchar sus quejas, sus aventuras, las nimiedades más diversas, lavar sus platos y sus lágrimas cuando algo les sale mal. Prefiero lo admitan, para dejar de darme vueltas amargamente en la cama antes de partir como cada domingo, pensando en qué hice mal.
Llegaste a banalizar nuestra relación como un simple intercambio comercial, tu me comprabas algunas cosa y todo estaría bien, estaría tranquila.
Te oí decir que tu cercanía radicaba en nuestros gustos similares por la comida y los libros, las películas, la música a veces. Pero no en amor, no en complicidad.
Leí triste sus palabras, "nuestras primeras hijas fueron bendiciones, luego hubo una pérdida y sufrimos mucho. Luego vinieron los otros tres".
No puedo decir que son malos padres, que no nos aprendieron a querer. No puedo ser tan injusta, ni malgastar tiempo degradando sus esfuerzos, su necesidad de no fallar una vez más, de ser buenos.
Pero no voy a negarlo, me dolió de nuevo cuando les pedí que por favor no me dejaran a mi suerte, que estuviesen ahí también. Y su respuesta fue "es que eres más independiente, es que no podemos tratarte igual, porque todos son diferentes, no nos necesitan de la misma manera." Y traté tanto tiempo de convencerme, que era innecesario, que yo no merecía más afecto, que yo me fui, que me arranqué a estudiar para encontrar un rumbo.
A veces la oía en sus fugaces mea culpa, "debimos estar más presente, debimos hacer algo". "¿Cómo pasaron 8 años y nunca mejoramos las cosas?".
Dormí por años en un colchón de resortes sobre un suelo húmedo de madera, agarré lumbago y otras molestias. Me quejaba a veces, medio en broma, medio en serio, consolándome "ya tendré dinero, y me compraré una cama hermosa". No lo logré.
Y tampoco se los reclamé, jamás los encaré por su falta de interés. Yo era una boca menos que alimentar, y siempre fui obstinada, así que ahora tenía que ser más fuerte, tenía que arreglármelas.
Hoy sólo quería tu abrazo. Y sutilmente sentí tu mano haciéndome a un lado. Sonreí con tibieza, pensé "así es él". Para ver unas horas después cómo abrazabas a mi hermana, con genuino amor, con ternura.
Quizás no soy la favorita, nunca he pretendido serlo. Pero no me nieguen las preferencias, prefiero aceptar que he partido hace mucho tiempo, y que no merezco cariño menos distante que el que recibo a veces, cuando regreso por unos días a escuchar sus quejas, sus aventuras, las nimiedades más diversas, lavar sus platos y sus lágrimas cuando algo les sale mal. Prefiero lo admitan, para dejar de darme vueltas amargamente en la cama antes de partir como cada domingo, pensando en qué hice mal.
Me lo he ganado
Publicado por
Mila
Bueno, la vida es un ciclo, y he vuelto a esos tragos amargos.
Es mejor si se alejan, lo harían de todos modos.
Incluso tú, alguna vez lo hiciste, y fue tremendo dolor. Y creo que a raíz de eso, dejé de sentir pena por mí misma.
Me lo he ganado.
Es mejor si se alejan, lo harían de todos modos.
Incluso tú, alguna vez lo hiciste, y fue tremendo dolor. Y creo que a raíz de eso, dejé de sentir pena por mí misma.
Me lo he ganado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
